Motivación: eje transformador de la intervención terapéutica
Uno de los desafíos en el ámbito educativo, como bien saben los docentes, es mantener la motivación -el deseo de hacer y saber más- cuando el contenido o la tarea que se le asigna a los alumnos no despiertan un interés espontáneo. En contextos terapéuticos, donde trabajamos por lo general con niños con trastornos del neurodesarrollo, esta circunstancia es incluso más obvia. En este entorno, la motivación no es una palabra «bonita» o un elemento accesorio, sino un requisito imprescindible si queremos generar cambios y que se produzcan aprendizajes.
Cuando una actividad es intrínsecamente gratificante, la implicación surge de forma natural. Pero si el contenido exige un esfuerzo cognitivo elevado o no se corresponde con los intereses del niño, necesitaremos generar contextos motivacionales sostenidos a través de reforzadores externos.
Valor pedagógico de la novedad y el juego
La novedad estimula el sistema atencional y despierta la curiosidad. No importa la edad: la exposición a estímulos novedosos activa los mecanismos de exploración y aprendizaje. Por consiguiente, debemos integrarlos por rutina en la planificación terapéutica o pedagógica.
En consulta observamos cómo los recursos lúdicos, creativos y multisensoriales permiten abordar objetivos terapéuticos o académicos desde una perspectiva mucho más eficaz. Actividades como el teatro, la cocina, el movimiento corporal o la creación de materiales didácticos personalizados no solo enriquecen la experiencia, sino que promueven la atención sostenida, la memoria y el pensamiento flexible.
Individualización e implicación sistémica
Los niños con dificultades del aprendizaje, trastornos del lenguaje u otras condiciones del neurodesarrollo requieren entornos adaptados a sus perfiles cognitivos y emocionales. La intervención se basará, por consiguiente, en una comprensión profunda de sus intereses, puntos fuertes y áreas de vulnerabilidad. Esto nos permitirá establecer objetivos realistas que generen avances visibles y minimicen la frustración desproporcionada.
Dicho lo anterior, ninguna intervención será verdaderamente eficaz sin el compromiso y la participación de los adultos que conviven con el niño. Padres, cuidadores y docentes deben comprender las causas subyacentes del comportamiento y modificar sus expectativas en función del perfil real del menor. Atribuciones erróneas sobre la intencionalidad del comportamiento solo conducen a conflictos, desmotivación y un rechazo creciente hacia todo lo que implique aprendizaje.
La mirada neuroeducativa
La motivación es un fenómeno complejo que implica la integración de múltiples sistemas cerebrales. Es el impulso que sostiene el esfuerzo, ayuda a tolerar la frustración y nos permite planificar metas a medio y largo plazo. Pero para poder mantener la motivación, los objetivos deben percibirse como alcanzables y relevantes.
Los profesionales debemos actuar como mediadores entre el potencial del niño y las expectativas del entorno. Solo desde un enfoque basado en la comprensión, la adaptación y la implicación conjunta será posible fomentar el aprendizaje significativo.
Contenido del vídeo: Icíar Casado ofrece un recorrido claro y accesible por el desarrollo del cerebro infantil y las principales funciones ejecutivas. Explica asimismo el modelo de intervención aplicado en BlaBla, donde se destaca el papel activo de los padres como coterapeutas. Un contenido de interés para madres, padres, educadores y profesionales preocupados por el desarrollo cognitivo y emocional de los niños, con una mirada práctica basada en la evidencia.