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El carril rápido hacia la pérdida neuronal

Efectos del uso de la inteligencia artificial en el funcionamiento del cerebro humano

Neuroplasticidad y el concepto «úsalo o piérdelo»

Los experimentos realizados en los años 50 y 60 por los neurocientíficos David Hubel y Torsten Wiesel, con gatos y monos principalmente -algunos de los cuales serían hoy éticamente cuestionables-, implicaban privar a un ojo de estímulos visuales durante períodos críticos del desarrollo. Los resultados fueron contundentes: las neuronas de la corteza visual del lado correspondiente al ojo privado reducían espectacularmente su respuesta a estímulos visuales y se observaba una disminución de la capa cortical encargada de procesar esa información. Si la privación se producía durante un periodo crítico del desarrollo, la pérdida de respuesta de esas neuronas era irreversible. Por el contrario, las neuronas asociadas al ojo no privado se volvían hiperactivas y reorganizaban la arquitectura funcional de la corteza visual.

Otro caso ampliamente documentado es el de las personas que han perdido una extremidad. Debido a la ausencia de estímulos sensoriales procedentes del miembro amputado, disminuye la actividad y se produce una reorganización o reducción de las neuronas de la región correspondiente de la corteza somatosensorial.

La viñeta de hoy nos remite directamente al principio «use it or lose it» («úsalo o piérdelo»), muy relacionado con la neuroplasticidad cerebral. Este concepto ha sido objeto de numerosas investigaciones que nos han proporcionado amplia documentación sobre los cambios experimentados por el cerebro en función del uso o desuso de sus capacidades.

Efectos sobre la plasticidad cerebral de adultos y adolescentes

Cuando hablamos de pérdida de funciones cognitivas nos referimos, en particular, a los adultos. En el caso de niños y adolescentes, la cuestión es aún más preocupante, ya que en muchos casos ni siquiera llegan a desarrollar esas funciones.

Dicho esto, debemos introducir otro concepto clave cuanto hablamos del cerebro: la interconexión. En el pasado, predominaba la visión localizacionista, que asignaba funciones específicas a regiones concretas del cerebro. Hoy esta idea nos parece simplista: el cerebro funciona como un sistema altamente interconectado, en el que áreas muy distintas colaboran entre sí. La pérdida de una función por falta de uso puede terminar comprometiendo a otras muy distintas.

La inteligencia artifical irrumpe en nuestras vidas

Pero vayamos al meollo de la cuestión: la irrupción de la inteligencia artificial (IA) en nuestras vidas con una receta tentadora: la ley del mínimo esfuerzo combinada con la posibilidad de hacer mucho más en menos tiempo.

Muchos argumentarán «Cierto, tal vez se pierdan algunas funciones por falta de uso, pero ganamos otras». Mi opinión personal es que esto no es tan sencillo. Además de racionales, los seres humanos somos, por naturaleza, sociales y emocionales, lo que choca con un avance tecnológico que tiende a reducir la interacción social personal.

Esta cuestión ya es preocupante en los adultos, donde una menor estimulación social y cognitiva tiene un impacto directo en lo que se conoce como reserva cognitiva. Con el tiempo, es natural que el cerebro experimente cierto grado de degeneración. Sin embargo, esta pérdida puede ralentizarse con una vida social e intelectualmente activa. La actividad cerebral regular es un excelente protector frente al deterioro cognitivo y la demencia.

En los adolescentes, el problema adquiere una dimensión más alarmante: no se trata de pérdida, sino de falta de adquisición. Me permito exponer un caso frecuente: adolescente sin técnicas de estudio adecuadas, que no consigue sacar el curso. Su única estrategia consiste en leer y repetir el texto una y otra vez (como, de hecho, hacen tantos estudiantes). Cuando le propongo hacer un resumen, responde: «¿Para qué perder el tiempo, si eso lo hago con ChatGPT?».

¿El resultado? Muchos jóvenes son incapaces de resumir. El problema va más allá de la simple incapacidad de sintetizar información. La actividad de resumir es, en sí misma, un potente mecanismo de aprendizaje: implica ordenar, procesar y asimilar contenidos. Pero también es necesaria en múltiples áreas de la vida. Saber analizar la información, identificar lo relevante, descartar lo accesorio y sintetizar ideas o conceptos son habilidades imprescindibles para la toma de decisiones y la adaptación al medio.

Lo que empieza con un simple «¿Para qué hacer un resumen si otro lo hace por mí», terminará repercutiendo en la capacidad de adaptación al contexto, un importante predictor de la salud mental de la persona.

El impacto de las nuevas tecnologías puede ser positivo, siempre y cuando exista un control riguroso, sobre todo en cerebros adolescentes aún en desarrollo.

Porque los atajos en el desarrollo neuronal pueden ser peligrosos. Y, hoy por hoy, no sabemos hasta qué punto.

Contenido del vídeo: El uso excesivo de pantallas en niños y adolescentes, especialmente cuando se limita al ocio digital sin supervisión ni propósito educativo, perjudica al desarrollo de las funciones ejecutivas —como la atención, la memoria de trabajo o el autocontrol—, y aumenta el riesgo de conductas adictivas. Este fenómeno se refleja en el creciente número de adolescentes que acuden a consulta psicológica por dificultades asociadas con el consumo de dispositivos electrónicos.

En este vídeo, la psicóloga Icíar Casado desmonta algunos mitos sobre las pantallas y proporciona pautas prácticas para que las familias puedan fomentar un uso saludable de la tecnología. A través de herramientas basadas en la evidencia, aprenderás cómo acompañar a tus hijos en el uso responsable de móviles, tabletas y videojuegos.

 

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